BIO

A lo largo de varias décadas, George Harrison se ganó la reputación de ser uno de los individuos más enigmáticos y creativos nacidos del rock and roll. Como ocurrió con cada ex-Beatle, su proceso de desvinculación de la identidad del grupo se vio frenado por el amor constante y, a veces, obsesivo del mundo hacia los Beatles como una entidad única. Pero, como reveló el lanzamiento de su épico All Things Must Pass en 1970, aquí había un hombre con una historia propia. Canciones como ‘My Sweet Lord’ y ‘What Is Life’ formaban parte de una vasta colección que aún se considera una de las grandes obras maestras de la era del álbum. Hoy, George es recordado como alguien que siguió sus pasiones hasta sus más notables consecuencias, un hombre de paradojas cuya inusual combinación de devoción espiritual, humor irónico y verdadera compasión tocó la vida de muchos.

La clave para adentrarse en el mundo de George Harrison es su música. Sin embargo, sus canciones y los logros por los que es recordado están inextricablemente ligados, y esos logros son, sin duda, de una diversidad extraordinaria. En la vida y en la música, George Harrison fue a donde quiso ir. Su amor por la cultura india y su manera de celebrarla públicamente anticiparon —por décadas— la era de la world music; su Concert for Bangladesh estableció el modelo para una era en la que los artistas contribuyen regularmente a causas benéficas; su inquebrantable aprecio por la dinámica de banda, aprendido como miembro del grupo de rock and roll más querido del mundo, lo llevó a formar los Traveling Wilburys junto a Bob Dylan, Roy Orbison, Tom Petty y Jeff Lynne; su faceta como compositor, a menudo discreta pero con la fuerza suficiente para crear estándares del género, sigue siendo un modelo de la profundidad que puede alcanzar la canción popular; su amor por el humor y el cine lo convirtió, casi inadvertidamente, en un productor cinematográfico de éxito; y, sin lugar a dudas, su influencia dentro del círculo Beatle dejó una huella imborrable en la música y la esencia del grupo.

Durante la incomparable carrera con los Beatles, George Harrison fue guitarrista, cantante y compositor. Sus aportes al repertorio de la banda fueron esenciales: ‘I Need You’, ‘Taxman’, ‘While My Guitar Gently Weeps’, ‘Something’ y ‘Here Comes the Sun’, por nombrar solo algunas. Sus composiciones abarcaban un amplio espectro emocional, desde los sentimientos más duros de ‘Don’t Bother Me’ y la mordaz crítica de ‘Piggies’ hasta la sublimidad de ‘Something’. Si en los primeros años del grupo el público lo percibió según la imagen impuesta por los medios, George Harrison, como insistía su amigo y publicista de los Beatles, Derek Taylor, era “todo menos el Beatle callado”.

Entre las muchas pasiones de George Harrison, fue su interés por la música india y la espiritualidad lo que dejó la huella más profunda en su vida y su arte. En 1965 conoció a Ravi Shankar, el maestro del sitar y compositor, y se convirtió en su alumno. Pero aquellas lecciones fueron solo el inicio de una amistad para toda la vida; el aprendizaje del sitar era apenas una parte de lo que Shankar le transmitió. Los años sesenta fueron una época de exploración cultural, pero para George Harrison aquella búsqueda fue mucho más que una moda pasajera. Las respuestas que halló en la filosofía india acabaron por sustentar y definir su vida adulta. Desde All Things Must Pass hasta Brainwashed, se percibe en su música el tránsito constante entre lo material y lo espiritual, un rasgo que distingue su obra de la de otros grandes compositores de su generación. El sentimiento humano que impregna ‘Isn’t It a Pity’ halla su liberación en ‘My Sweet Lord’. Este sentido de equilibrio no solo impregna las grabaciones de All Things Must Pass, sino todo su catálogo. En su máxima expresión, su labor como compositor tras los Beatles difumina la línea entre música y plegaria, sin renunciar jamás a la pureza melódica que lo definía. Quizá el mejor ejemplo de ello sea ‘Give Me Love (Give Me Peace on Earth)’, de Living in the Material World. Cuando se publicó, fue una anomalía, algo completamente distinto a lo que lo rodeaba. La canción cristalizó la visión de George: actuando como su propio productor, creó un sonido más íntimo, menos grandilocuente y, sin duda, más directo que en su primer álbum en solitario. Además de permitirle explorar nuevas formas de expresión, Living in the Material World consolidó el equipo que lo acompañaría durante toda su carrera en el estudio.

Entre la explosión creativa de All Things Must Pass y el éxito de Living in the Material World, George lanzó The Concert for Bangladesh, con la participación de amigos como Eric Clapton, Bob Dylan, Ravi Shankar, Leon Russell, Ringo Starr y otros. El concierto fue su respuesta personal a una crisis mundial. Como evento, no tenía precedentes en la industria musical. La grabación ganó el premio Grammy al Álbum del Año en 1972. Más aún, como respuesta a una catástrofe humanitaria, el concierto simbolizó la forma en que George interactuaba con el mundo: con atención, empatía y plena conciencia de su entorno. El éxito y la fuerza del álbum —con una energía palpable, como demuestran ‘While My Guitar Gently Weeps’, ‘Here Comes the Sun’ y ‘Something’— estaban profundamente ligados a la imagen positiva que rodeaba a Harrison en aquel momento. Para quienes lo presenciaron, por un momento pareció que los ideales de los sesenta habían perdurado más allá de su época. El concierto representó un destello de esperanza.

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