En cada uno de sus años como adulto, John Lennon había sufrido algún tipo de trastorno. Pero en 1973 –año en el que cumpliría los 33 y en el que cabría esperar un pequeño respiro– resultó ser el más traumático de todos.
Lo comenzó como quien está cansado de la batalla, todavía vivía en el pequeño apartamento de Greenwich Village junto a Yoko Ono y continuaba luchando contra el aparente deseo de las autoridades estadounidenses de deportarlo. Tenía sospechas de una conspiración que resultó no ser, como parecía, una paranoia. En realidad, eran instancias políticas superiores las que iban a por él. Necesitaba apoyos y, de hecho, fueron muchos los famosos estadounidenses que prestaron voz a su causa. Pero su popularidad se había visto afectada, como él mismo sabía mejor que nadie, por la pobre acogida de su polémico disco doble, Sometime In New York City. Este valiente de Liverpool sin pelos en la lengua estaba acostumbrado a verse metido en problemas, pero no dejaba de ser tan humano como los demás. Y se vino abajo.

En abril, él y Yoko se mudaron al edificio Dakota, en el centro de la ciudad, en busca de cierta comodidad y una intimidad necesaria. Demócrata por instinto, se sintió decepcionado por aquellos camaradas radicales que, lamentablemente, habían perdido el contacto con el pueblo. Asimismo, quiso convencer a los de arriba de que no era antiestadounidense. Algo que deberían haber sabido tan solo con escuchar cualquiera de los temas de rock que había cantado.
La grabación se realizó en Nueva York, entre julio y agosto de 1973, con una selecta banda (llamada, en tono de guasa, The Plastic U.F.Ono Band) en la que se encontraban músicos como Jim Keltner, el guitarrista David Spinozza y el famoso ‘Sneaky’ Pete Kleinow. En esta ocasión, el productor era únicamente John, aunque se apreciaban ecos de su antiguo colaborador, Phil Spector, en la magnitud de la canción que daba nombre al disco –si bien la grandeza orquestal de aquel se debiese, en gran parte, al slide de guitarra de John–.

San Diego, California, 17 de septiembre de 1973. Foto de Bob Gruen
Este tema, ‘Mind Games’, reflejaba el interés que tenía John en ese momento por un libro del mismo título (obra de Robert Masters y Jean Houston) que hacía hincapié en el aprovechamiento de nuestro potencial mental para lograr un cambio global. De alguna manera –y, por tanto, en la misma linea de los poemas en los que Yoko llamaba a imaginar– sugería “mind games” (juegos mentales) como una idea positiva y creativa. El estribillo alto le da un peso emocional enorme. De hecho, la canción había nacido con un título bastante más semejante al de un himno: ‘Make Love Not War’. Incluso se pueden oír estas palabras en el fundido final.
Allí donde ‘Mind Games’ envuelve con una energía ocasional, otras pistas suenan con la misma emoción que él había sentido cuando se echó a las calles de Nueva York: ‘Tight A$’ y ‘Meat City’ son cínicas y exuberantes por momentos, canciones de un artista ingenioso y también profundamente esperanzado.

Asociación del Colegio de Abogados de la Ciudad de Nueva York, 42 W 44th St, Nueva York, 2 de abril de 1973
Aunque los radicalismos de Sometime In New York City no desaparecen por completo, adoptan una forma más abstracta en ‘Bring On The Lucie (Freda Peeple)’ –otra canción épica dirigida a la casi extinta presidencia de Richard Nixon– y, más especialmente, en el completo silencio de ‘Nutopian International Anthem’. Las fronteras eran el anatema para John, en todos los sentidos, y una “Nutopia” carente de visados y leyes migratorias debería haber sonado perfecta.
También se hace evidente una evolución desde el compromiso político a temas más personales, como prueban ‘One Day (At A Time)’ y ‘Only People’, en las que modera su idealismo, centrándose en las personas en lugar de en las organizaciones. Y, cómo no, hay auténticas canciones de amor, desde las piadosas ‘Intuition’, ‘You Are Here’ y ‘Out The Blue’ a otras declaraciones de su penitencia (al estilo ‘Jealous Guy’), en ‘Aisumasen (I’m Sorry)’ y ‘I Know (I Know)’. En la carátula del álbum Fly, de Yoko, editado en 1971, Lennon había lanzado esta reflexión: “Amar es tener que pedir perdón cada cinco minutos”. Es evidente que el amor verdadero no estaba libre de obstáculos, ni siquiera para John y Yoko.


Mind Games salió a la luz en noviembre de 1973, y su acogida fue discreta en términos generales. John se sentía perdido, personal y profesionalmente. ¿Qué iba a hacer?
Yoko: “Bueno, al escuchar ahora Mind Games te das cuenta de que es un álbum realmente increíble. Me sentía terriblemente responsable por nuestra relación. Sus canciones eran fantásticas, pero su condición de estrella pop se estaba desvaneciendo”.
Tras la insistencia de Yoko, John se tomó algún tiempo apartado de su matrimonio y de la vida en el Dakota.
“Si. Porque creía realmente que nos estábamos destruyendo el uno al otro. No era bueno para John, ni tampoco para mí. Y éramos artistas que debíamos tener el espacio y la libertad para podernos expresar sin odiarnos”.

A comienzos del invierno de 1973, los amantes más famosos del mundo moderno vivían en costas opuestas de Estados Unidos. Como se sabría más adelante, a John le esperaba un “fin de semana perdido” por vivir y una nueva caída. Por suerte para nosotros, no acabarían con el genio creativo de Lennon…
